20 de febrero de 2014

Historias de los alumnos sobre el El Lazarillo



A lo largo de los años cuando me hice mayor fui pasando por millones de lugares. Unos fueron buenos, otros no tanto. Por eso, después de veinticinco años de muy malas pasadas, llegué a un pueblo donde la gente era muy buena. Desde el principio era bastante desconfiada, pero poco a poco me hice con ella. Al llegar trabajé muy duro, estuve con una familia que me dio cobijo. Para pagar mi comida y tener una cama donde dormir trabajé en las tierras del señor Gómez durante muchos meses. Poco a poco me dio su confianza y una pequeña cabaña donde ahora vivo absolutamente solo. Fueron pasando los años y, como me gustaba el trabajo, fueron pasando y pasando años, trabajando en el campo. Seguí trabajando en el campo hasta que decidí que ya era hora de cambiar de hábitos. Con el dinero que fui ahorrando me monté un pequeño negocio. Era una panadería. Toda la gente del pueblo venía a comprarme el pan y esas pastitas tan buenas de azúcar que me quedaban genial. Un día entró en mi panadería una mujer muy hermosa y me enamoré perdidamente de ella. Era la hija del carpintero nuevo del pueblo: morena, ojos marrones, pelo largo rizado hasta la cintura… ¡Era un monumento! Un día la invité a salir y me dijo que sí. ¡Fue la mejor cíta de mi vida! Al poco tiempo le pedí que se casara conmigo, me dijo que sí y en pocos meses ya estábamos casados. A día de hoy tengo un hijo y otro en camino, ella trabaja conmigo en mi pequeño negocio y somos muy felices.   FIN.

Raquel Rodríguez GES2 MATÍ.

Pues sepa Vuestra Merced que lo que aquí voy a contar es lo más desdichado que le puede pasar a un mozuelo. Siendo más despabilado que el hambre de tres días con sus tres tinieblas, siempre hay una lección que por llegar en el momento menos esperado te deja el alma desnuda.
Entrando por la puerta Norte de Toledo y llegando a la Catedral, me vi obligado a servir en una posada para un posadero. Fue mi justo castigo por robar una onza de pan duro, que quitándomelo, tirárselo a los perros.
El lugar era oscuro, mugriento y tenía más humedad que el dicho de los lugareños “si entras por la mañana en la taberna y sales cuando el Sol se pone detrás de las montañas, seguro que tendrás verdín detrás de las orejas”. El posadero vendía el vino aguado, el pan duro y el tocino rancio como una madrastra.
Cuando yo sisaba a los caminantes siempre esperaba al efecto del vino. Borrachos no se percataban de nada. Pero pobre de mí, si un caballero despistado me olía la intención, del tirón de orejas no me quitaba ni Dios.
Un día lleno de recados, me paré a jugar con unos chiquillos que a cambio de unos dibujos de mujerzuelas en piel desnuda, me daban higos que sabían a gloria divina y miel de flores que era manjar de dioses.
En un instante me puse en boca abierta, una lozana mujer daba su amor de madre a un niñito chiquito. Me dije: - Parecido había a mi hermosa madre. Al alzar la mirada, yo pellízqueme para estar seguro que no estaba soñando.
- Madre, soy Lázaro. – le grité.
- Márchate niño pordiosero, yo tuve un amado hijito llamado Lázaro, pero de bien seguro está muerto. Aún más, mi hijo dulce como esa miel era. Más tú eres seco como esos higos. – dijo su madre.
Marcharse la vi y quedándome, sin miel, sin higos, sin alma y con la pena más grande que el dolor de cien látigos. 

Yolanda Sanz Cano Ges-2 matí

Mi nombre es Lázaro, y soy lazarillo de un ciego.
Yo y el ciego  nos trasladamos  a Barcelona  en busca de más limosnas ,  pues en la capital catalana hay mucha burguesía  y mucho trabajo en esta época ; estamos a mediodía de Julio de 1915. En Salamanca  todo el mundo conocía al ciego y ya nos habían cogido el número.
En Barcelona  hay muchos ladrones, sobre todo por la zona de la Rambla de les Flors ; que es el lugar donde íbamos.
Una vez allí , estuvimos dando vueltas por las Ramblas , en un claro de gente , el ciego se pone a hacer la estatua en medio de las Ramblas ( creo que fue él quien se inventó este arte )  y me pidió que pasase la gorra entre los presentes  y que cada vez que me dieran una limosna  , yo tenía que gritar :                                         “ Que tengo!!! Limosna!!!! “
Y después el ciego hacia un movimiento  y recitaba  una oración. Así sucesivamente.
Un ladrón me arrebató la gorra a mí y huyó entre la multitud .Yo, Lázaro lo perseguí, pero entre el arroyo de gente  que sube y baja  la Rambla , no lo alcancé.
Hay una florista, delante de donde estábamos nosotros , que vio como el ladrón nos robaba a mí y al ciego , y como yo me quedaba con una parte de la limosna del ciego .
La florista dice: “Quién roba a un ladrón, se merece  cien años de perdón. “
Un policía que estaba por ahí, se acerca al oír  mis gritos:                      
Al ladrón!!! Al ladrón!!!! .
El policía me  alcanza a mí,  Lázaro  , que iba corriendo detrás del ladrón, pero no alcanza  al ladrón. El policía me   pregunta  sobre el ladrón  y durante  la conversación se me caen las monedas que le usurpaba al ciego,   del bolsillo del pantalón. El policía no se fía de mí, y me  pregunta de dónde  han salido esas monedas.
El policía toma nota de mi  declaración  y me hace devolver las monedas al ciego, ante la reprimenda de la florista que lo había visto todo. Yo decido  no denunciar al ladrón, ya que el ciego no tenía  permiso para hacer la estatua en un sitio público.
El ciego y yo quedamos frustrados por que perdimos el dinero a manos del ladrón, y este ha escapado con el jornal del día.
Yo soy reñido  por el ciego por haber perdido el dinero a manos del ladrón. También  me cae una reprimenda por quedarme parte del dinero de la recolecta del día. El ciego me da un buen tirón de orejas  como castigo.
                                          Fin.

Francesc Pla Juanico . GES 2 MATÍ



Lazarillo cuando se hizo Mayor pensó que lo mejor podía hacer era irse a vivir a otra ciudad y poder encontrar un trabajo donde pudiera ganar un dinero para poder vivir en una casa con jardín y teñir loa nevera repleta de comida. Se fue a vivir a una Ciudad y se fue a vivir a un apartamento pequeño pero para el solo ya decía que tenía bastante, conque tuviera un sitio cómodo y para hacer de comer ya tenía suficiente, los 3 días de estar en Suecia decidió salir a dar un paseo y conocer el ambiente que había en Suecia. Entró en una cafetería y vio un anuncio donde ponía que se necesitaba Chico para la cocina. Cogió el número de teléfono y llamo y dijo que le interesaba la oferta, al día siguiente fue al lugar y tubo la entrevista de Trabajo y ese mismo día empezó a trabajar, conoció a muchos compañeros y uno de ellos se llamaba Antonio, se hizo muy amigo de él, a partir de ahí se iban de cena en restaurantes lujosos. Lazarillo ya empezaba a tener dinero ahorrado para poder hacer otros planes de futuro, como comprarse la casa que él deseaba, con jardín y con una nevera muy grande donde pudiera meter mucha comida y que nunca faltara de nada, pues eso hizo se tomó una mañana libre en el Trabajo y lo dedicó para ir a una agencia e informarse de las casas que habían en la Ciudad. A los dos meses compró un chalet con un jardín muy amplio donde también podía aparcar el lujoso coche que también quería se, pensó que era una buena ocasión hacer lo de la compra de la casa y del coche porque ganaba muchísimo dinero en el trabajo y en Suecia las casa eran tan baratas que le daba hasta para comprarse el coche que tanto tiempo lleva soñando. Se compró la casa, la reformó entera  y se instaló y conoció a una chica muy guapa que se llama victoria y muy simpática vecina, a la que empezó a conocer  y poco a poco se hicieron novios y decidieron irse juntos a vivir a casa de él. Al año de estar viviendo juntos  su novia le dijo una noticia que Lazarillo no se lo esperaba ,estaban esperando a un niño, se pusieron tan contentos que decidieron celebrarlo comprando una comida bastante especial y celebrarlo en casa, cerca de la chimenea, prepararon la cena. Un poco de foie, con las tostadas que acompañaban al foie, y un buen jamón de bellota y un buen vino para celebrar la noticia de que iban a ser padres. A los 9 meses nació su hija Aitziber, una niña preciosa con los ojos azules y el pelo como el oro.


BERTA HERNÁNDEZ CAÑADAS GES 2 MATÍ


Después del desafortunado día en que ya no volví a ver a ese ciego que me apaleaba a todas horas, seguí mi camino hacia otra ciudad cercana dónde entré al primer bar próximo para que me dieran un vaso de agua. Allí a lo lejos vi una gran mesa donde me acerqué a él lentamente visualizando todas las partes de su cuerpo, en ese momento vi algo extraño en él, le faltaban las dos extremidades más importantes para cualquier ser humano, los brazos.

Cuando lo vi de cerca, él enseguida se molestó en preguntarme que hacía en ese bar puesto que no me había visto nunca, así que con mucha confianza le expliqué que hasta ahora había ayudado a un ciego, el cual no me había tratado bien aunque yo solo quería comer cada día. Él me explicó sus dificultades diarias para hacer las tareas en casa por su discapacidad, así que yo me ofrecí para ayudar-lo en todo lo que necesitara a cambio de un plato de comida, a lo que él estuvo de acuerdo.

Después de ese momento nos dirigimos a su casa donde me enseño todo lo indispensable en su vida, parecía que la suerte estaba conmigo al encontrar todo lo que había buscado pero una vez más no fue así.

Cada día le preparaba la comida, hacia las tareas, e incluso éramos buenos amigos hasta que un día él conoció a una muchacha de la cual se enamoró perdidamente. Al principio todo iba sobre ruedas con esa nueva mujer la cual reía a carcajadas con mis historias hasta que el discapacitado empezó a sentir celos de la buena relación entre los dos.

El comportamiento del hombre que parecía que me iba a dar la felicidad que necesitaba empezó a cambiar, cada vez me trataba peor e incluso un día me pegó un puntapié en el ojo que hizo que no viera bien durante días. La situación cada vez era más insostenible hasta que un día la muchacha se lanzó a darme un beso justo cuando entró él, ese hecho desató su locura y preparó una venganza diaria a la cual yo me di en que ese hecho iba a desencadenar un terrible suceso decidí irme de noche a pie a otra ciudad donde empezaría mi nueva aventura.

ROCÍO MARTÍNEZ MARCHENA GES-2

Me topé con un fraile, en mi paso por Utrera (Sevilla) y le pregunté si podía pasar la noche en el convento donde él residía y me dijo que sí.
Fue muy hospitalario conmigo, me ofreció quedarme a dormir.

A la hora de cenar, compartimos un gran cordero asado, arroz, una sandía y dos manzanas, después de una cena que me dejó muy bien servido, pedí subir a la habitación donde iba a pasar la noche y mientras se entretuvo buscando, aproveché para meter en mi mochila algo de comida que había encima de la mesa sin que el fraile se diera cuenta.

Me acompañó a mi habitación y me dijo que para pagarle de alguna forma este favor que me había hecho, tendría que barrer todo el patio y darle de comer a las gallinas cuando me despertara por la mañana, yo asentí con la cabeza, pero como no estaba de acuerdo con lo que me dijo, le pedí que me dejara ir al baño, y ese fue mi momento para salir corriendo y escaparme de él sin tenerle que agradecer el favor que me había hecho.

Él salió corriendo detrás de mí intentando defenderme pero como soy tan ligero y pícaro, escapé una vez más de otro de mis amos.

MARINA SERRANO PARTERA GES-2 M


Es la hora de cenar y tengo mucha hambre. Mi querido ciego sacó un buen trozo de queso, se me hace la boca agua, tengo tanta hambre que se me ocurre algo para poder comerme todo el queso. Se da la vuelta para coger el cuchillo, cojo un trozo de jabón y lo cambio por el queso. Me lo como de una sentada. El ciego corta el jabón y se lo pone en la boca, escupe y sin que me de tiempo a  esconderme, coge su bastón y me lo estampa en la cabeza, me duele tanto que me quedo dormido al momento.

Sergio González GES 2 matí




-       Sepa Vuestra Merced, que aproveché que el ciego estaba medio muerto del golpe sufrido por el poste,  para cogerle el fardel con las pocas enseres que quedaban y eché a correr campo a través, antes de ser atrapado por el ciego del hurto.
Estaba exhausto de tanto correr y empecé ha  adelinar  (1) para encontrar un lugar más tranquilo, tuve suerte y encontré el rio ,descansé para asearme un poco y vi a un hombre que me observaba, este estaba pescando en el rio y me llamó:
-       Mozuelo, ¿dónde vas tan señero (2)  por estos lugares?
-       en busca de una nueva aventura sin consecuencia!, le contesté señor.
-       ¿No habrás hecho ningún aleve (3)?
-       no señor soy un buen mozo, dije…
-       Anda ven,  acércate, y compartiremos mi  almuerzo.
Me acerqué y compartimos mis pocas relieves (4), con el buen hombre.
Sepa que el buen hombre me empezó a explicar que era un buen pescador y que en este rio había buena pesca, yo estaba con los ojos como platos escuchando las explicaciones de aquel nuevo amigo que acababa de conocer.
Se llamaba Aureliano  y vivía  junto a su querida muller (5), Helena  en una pequeña casita cerca del pueblo, y cada mañana su señora vendía todo el pescado en el zoco (6) junto con los huevos de las gallinas que tenían en su corral.
No tenían hijos, porque Dios no quiso y su muller pobrecita, decía el buen  Aureliano, hubiese querido al menos uno.
Mientras pescaba, me fijaba  como mi nuevo amigo preparaba la caña y el anzuelo y viendo el hombre el interés que ponía me pregunto si quería probar a pescar y como buen  mozuelo afirmé con la cabeza que sí. Eché el anzuelo al rio con todas mis fuerzas y ahora tocaba esperar…
Sepa Vuestra Merced que me pareció desde el primer instante un buen hombre y yo, tenía mi repentencia (7), así que decidí confesarle  mí poridat (8),
El buen hombre Aureliano, me escuchaba atentamente mientras  le contaba mis aventuras y desventuras con el ciego, y se reía de mis hazañas, y de la astucia del ciego.
En estas que el anzuelo empezó a moverse con fuerza, y  me vi sorprendido ya que era mi primera pesca y estaba ledo (7) de alegría…era una buena pieza.
Aureliano me pidió que le acompañase a su casa y pasara unos días con ellos, no tenían muchos haberes (9), pero eran buenas personas y un plato más si lo tenían.
Su muller Helena estaba encantada de tenerme allí en su casa, me había cogido mucho cariño en pocos días, pero Aureliano la advirtió diciéndole que no se encaprichara  mucho porque cualquier día  marcharía.
Pasaron semanas, meses, sepa Vos, que estaba contento con aquella nueva familia, ayudaba en las tareas, con las gallinas, iba a pescar con mi buen amigo cada día , y sacábamos buenas ganancias en el zoco, pero un día mientras estaban en el pueblo y Aureliano y fuimos a las lóbregas (10) a por vino, escuché decorar(11) ciertas oraciones que me eran conocidas y cuando me di la vuelta vi al ciego del que fui su lazarillo .
Tenía tanta mala conciencia por los hechos ocurridos y tanta repentencia, Señoría, que me acerqué apecachado (12) con su amigo Aureliano y le expliqué al ciego que quería pedirle perdón por mis hazañas y malas pasadas que en el fondo él era un buen hombre y me había enseñado mucho sobre la vida.
El ciego no me regaño, ni me rezó ninguna oración, solo saco de su fardel una jarra y me mando a por vino y los tres brindamos entre risas y abrazos, de todas nuestra idas y venidas, malas pasadas, buenas experiencias y así celebrar nuestro buen encuentro.
Sepa que de las risa se acercaron la gente dl pueblo para escuchar nuestras aventuras y mientras el ciego las decoraba un músico las entonaba con su salterio (13), lo que al principio pensaba sería un mal encuentro, sepa  Señoría que acabo con un buen festejo…
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- (1) adelinar: caminar dirigirse a algún lugar.              - (8) poridat: secreto
- (2) señero: solo                                                                 - (9) ledo: contento
- (3) aleve: mala acción                                                     - (10) haber: riquezas
- (4) relieve: restos de comida                                         - (11) lóbrega: bodega                         
- (5) muller: esposa                                                            - (12) decorar: recitar
- (6) zozo: mercado                                                            - (13) pechacado: arrepentido
- (7) repentencia: arrepentimiento                                 - (14) salterio: instrumento de cuerda
                

gemma lecuona bañeras





AVENTURA   DE    LAZARO

Lazarillo de Tormes dejo al ciego en un laberinto de arbustos vegetales, estando allí le dio unas cuantas vueltas y le dijo. ¿Cuándo  salgas iremos a comer?, y le dejo una bolsa de garbanzos y le dijo Lazarillo al ciego, ahora  ves tirando los garbanzos  para después saber salir. Mientras Lazarillo se fue a casa de unos amigos que Vivian cerca en el mismo pueblo. Cuando llego a  dicha casa le dijeron, Lazarillo donde has dejado a tu amo el ciego, él le contesto. Lo deje en el laberinto de arbustos vegetales, ¿Por qué hiciste esa barbaridad? , es que mi amo no se merece otra cosa por ser tan gruñón. Mientras tanto Lazarillo se quedo a comer y echar la siesta olvidándose por completo de su amo el ciego. Al cabo de unas horas Lazarillo volvió al laberinto, se encontró al ciego sentado y gritando,! hay alguien que pueda ayudarme soy ciego!, por allí no pasaba nadie ,excepto Lazarillo  que se quedo mirando sin saber qué hacer en ese momento. Al cabo de un rato decidió sacar a su amo de esas paredes de cristal! Amo, amo, le decía lazarillo arrepintiéndose de lo que había hecho, deme la mano y sígame que le voy a sacar de aquí, el ciego cogió fuerte su mano hasta que salieron de allí. El ciego sin rencor le dijo, llevarme ala posada que tengo hambre. Los ojos de Lazarillo guio a su amo hasta la posada. Entremos mi amo, en esto que habían unos compañeros de la escuela de Lazarillo y empezaron a meterse con el ciego, y le decían, ver si miras por donde vas, y le empujaban y serian hasta que se cayó al suelo, entonces Lazarillo se sintió impotente y dijo. Dejad a mi amo o os veréis con mi primo, el cual todo el pueblo le tenía miedo por su fuerza ya que este hacia metro noventa y estaba fuerte como un toro, entonces todos ellos salieron corriendo porque sabían como las gastaba el primo del Lazarillo. Desde aquel día el ciego y el Lazarillo volvieron a ser los amigos que fueron antes.


Miguel Angel Agea


Lazarillo Y Sus Aventuras :

Llamome Lazarillo de Tormes, mi nacimiento fue dentro del rio Tormes en Tejares en una aldea de Salamanca. Me vine aquí León en busca de trabajo, mi madre feneció hace unos meses y me quede huérfano . Al llegar a León vi una gran taberna y decidí entrar a ver si me podían dar trabajo.
Disculpe Señor, busco al amo de este lugar? – Le pregunte al hombre que estaba sirviendo la mesa de los cazadores.
Soy yo! – Le contesto observándole fijamente. En que puedo ayudarte joven? – Le pregunto con el rostro serio.
Necesita algún ayudante, Señor? – Le pregunto Lazarillo
Tengo un trabajo para ti muchacho. – Le dijo señalándole la loza que había en la pica. El joven Lázaro hizo recordar a Juan de Orca su infancia cuando fenecieron sus viejos y tuvo que buscar la vida para sobrevivir. Trabajaras desde que salga el sol hasta que sea de noche, tendrás derecho a dos comidas por día y descansaras en el establo que hay detrás de la taberna.

Muchas Gracias – Le respondió Lázaro.
Juan era un hombre de unos cuarenta, estaba casado con Adela y tenía una hija María, que tenía ocho años y era muy bonita, tenía el pelo negro y largo y unos ojos azules como el mar.

Una soleada mañana de primavera estaba en el establo durmiendo y de repente escuche a Juan que me gritaba:

Hideputa! Hideputa! Levántate!!! – Me dijo Juan muy enfadado con un cuchillo en la mano.

Que pasa? Le pregunte asombrado, no entendía nada de lo que estaba pasando.

Tú me has robado el dinero que tenía guardado en el cofre como no lo devuelvas te voy a matar!- Le dijo muy cabreado.

Yo no te he robado nada, no sé de qué me hablas. Acto seguido Juan estaba tan enfadado que se le escapo un bofetón que hizo que Lázaro se callera al suelo.
Como no aparezca el dinero antes de que oscurezca te mataré! – Le dijo el enfadado tabernero a Lázaro y se fue echando leches de ahí.
Yo no he robado nada, no sé porque desconfía de mí no es justo con lo bien que me he comportado, no te puedes fiar de nadie ya que siempre te meten la patada.

Lázaro no se lo pensó dos veces y tal y por donde vino cogió y se fue a seguir buscándose la vida por otros rincones del país.

Manel Bolaños 

LA JULIA

Era un día de verano. No me acuerdo de que año era, creo que fue en la época que deje al fraile o el buladero.
Me encontraba en la orilla del río Tormes, en un umbral de un roble, echando la siesta.
De repente apareció una muchacha corriendo y chillando como una loca, detrás de ella aparecieron una jarca de tres chicos mas jóvenes que yo y con muy malas pintas, apedreando con estiragomas a la chica.
Me levanté y fui hacia la chica para defenderla, por sus pintas parecía una cantonera.
Empecé a hablar con los chicos y eran un poco mostrencos, modorros, en definitiva unos gandalla. Me amenazaron de mullir y yo les amenace de hablar con las autoridades y que podrían acabar en la churra. Ellos se empezaron a despiporre de mí y me puse como un morucho. Como vieron que no bajaba del burro les entro el cangis y se marcharon con el rabo entre las piernas.
Me giré y la chica se había escondido en un cabañal que se encontraba en una era cerca de una carrendera. Me acerqué, tenía una canchera en la rodilla y estaba muy nerviosa, la calmé un poco, le curé como pude la canchera y con un trozo de mi camisa se la envolví.
Era una chica muy bonita, me dijo que se llamaba Julia, tenía una cara angelical, unos ojos azules que me dejaron casi sin palabras, unos labios carnosos, unos preciosos atributos,... han pasado más de 20 años y aun parece que fuera ayer.
Le propuse de candajear por Salamanca y ella acepto en agradecimiento por haber sido un caballero con ella.
Nos dimos una vuelta por el centro de la ciudad, nos despiporre con los teatrillos de la plaza mayor, nos tomamos alguna cerveza en alguna taberna, fue una tarde inolvidable.
Llegó la hora de cenar y me decidí invitarla, no podía permitir que ese día terminara en ese momento. Le dije que si me haria el favor de embribar con migo y ella aceptó, creo que tuvimos una gran conexión.
Ese día tire la casa por la ventana y la invité a la mejor taberna de la ciudad, pedimos el mejor condumio y el mejor vino, que cena de despiporre con la mujer más bonita que han podido ver nunca estos ojos.
Bebimos hasta chuparse y me propuso de pasar la noche en su casa, en ese momento mi cabeza estaba en un globo mental, sentía incredulidad, excitación, ... no sé qué era ,pero eso no era normal.
Nos fuimos de la taberna y lleguemos a su casa. Era una habitación que tenía una cama pequeña, una  mesa y dos  sillas.
Me dijo que me sentara y si quería vino para beber, yo le conteste que sí, trajo una jarra de vino con dos  vasos y los dejo en la mesa, dijo que sirviera el vino y en ese instante que yo estaba sirviendo se levantó la falda y dejo la fandanga al aire, a partir de ese momento nos fusionamos y que os voy a contar que no sepan ustedes jejjeje
El día siguiente me desperté y la chica ya no estaba ,me vestí y la busqué durante mucho tiempo por Salamanca pero la única información que conseguí es que se fue a Madrid porque había mucha demanda de rameras.
No sé porque os cuento esta historia? será que aún estoy enamorado de Julia?



VOCABULARIO CASTELLANO ANTIGUO

Jarca : Pandilla de chicos.
Estiragomas : Tirachinas.
Cantonera : La mujer perdida y publica que anda de esquina en esquina provocando.
Mostrenco : Bruto, ignorante y azote.
Modorro : Modorro Bruto, poco listo.
Gandalla : Mala gente, gentuza.
Mullir : Pegar. Mullir a palos es pegar a alguien, Labrar ciertas plantas.
Churra : Cárcel, local para presos.
Despiporre : Morirse de risa.
Morucho : Toro de media casta brava.
Cangis : Miedo.
Cabañal : Cobertizo de maderos y ramaje, para ganado.
Carrendera : Camino real o carretera.
Canchera : Llaga o herida grande.
Candajear : Andar mucho por las calles.
Embribar : Invitar a comer.
Chuparse : Emborracharse.

Fandanga : Mujer casquiva, aparato genital de la hembra.



Lazarillo de Tormes ya cansado de que los amos que había encontrado lo trataban tan mal y no probaba bocado de pan desde hacia días,decidió tomar el camino sólo y llegar hasta la ciudad mas cercana.
Después de muchas horas de camino y no descansar,decidió sentarse debajo de un olivo en medio del prado. Miró al cielo y dijo:
¡Padre llévame contigo,estoy ya cansado de vivir!.
Pero entonces un carruaje con caballos negros y majestuosos pararon delante de mi,y el hombre que iba sentado dentro me dijo:
¿Te gustaría conocer mundo y viajar,muchacho?.
Yo le contesté:¡Por supuesto que sí!¡gracias padre por haberme escuchado!dijo Lázaro entusiasmado.
Subió al carruaje y marchó con aquel hombre tan educado. Por el camino le explicó que le gustaría navegar y conocer mundo,después de varios días de camino llegaron hasta el puerto de Almería, allí había zarpado un gran barco que les estaba esperando para zarpar.
El chico nunca había visto el mar y quedó maravillado de tanta hermosura y resplendor.
Habían muchos chicos como él subiendo cajas y cajas de comida para el viaje.
Lázaro ayudó también y se hizo amigo de todos aquellos chicos que también era huérfanos.
Julián, que era así como se llamaba su nuevo amo le dijo que se tenían que ayudar los unos con los otros y le explicó que él también había sido huérfano pero que la vida le cambió cuando un tío suyo,desconocido por él ,le dejó una gran fortuna y decidió refugiar a todos los chicos huérfanos que encontrase.
Navegaron durante meses hasta encontrar una nueva tierra,y la encontraron. Allí se quedaron para siempre y no quisieron volver nunca más,todos ellos fueron muy felices.

Óscar García

LAZARO Y EL TUERTO


Vuestra Merced voy a contaros, de mi último amo, si mi ciego era mezquino, este  avaro  desconfiado y manipulador, amás... érase tuerto de ojo izquierdo, cojo de la pierna diestra con pata de palo, acogióme en su casa pa ayudarle en sus menesteres quel no pudióse alcanzar.
Las   primeras gestiones que, mandóme fue que en las cocinas ni ocurrióseme entrar. Díjome verdad aunque yo estuviere por aquella camara no podióme coger tan buenos manjares pues la Filomena que ansí se llamaba la de los pucheros lo tenia encerrojado todo,  mandole sobredicho tuerto  ¡y ahy...!  pobrecica de ella si perdiose o faltáre algo.
Pues sepa usted V.M. La primera salida al campo fuimos mi amo y yo mesmo, mandóme ir a buscar unas perdices que el matose, pero dijóme antes de emprender la búsqueda:
-¡Mozo no se las que cayeron pero  no se te perdiese ninguna! Yo con mucha destrella guardóme una entre los trapajos que tenia de vestimenta, pues ansí sin mediar palabra en tol camino  quejábaseme y maldecíome pero yo confiome que no va conmigo, una vez en la casona pegame de palos hasta coxcorrones ¡ay, ay no he hecho nada de malo! -Alteróse y dijóme:"Lázaro, engañado me has,truhan tas llevao una pieza -dije yo- mas ¿por qué sospecháis eso queréis a mí échar ? Yo jure y perjure de no haberme llevado nada -dijóme el astuto, que por callada sabia que habiase matado tres.
Parecióle buen consejo y dijo:
 -Los mendrugos de pan que me ansí mendaba erase como los guijarros del camino duros pa la quija eran buenos pa mantenerlos fuertes.
Jurame ansí fue por darme dél venganza de aquel tuerto y cojo.
Salimos de madrugada de niebla espesa, póngame al lado del ojo tuerto y pidiome ayuda para cruzar unos zarzales presto que no veía  mas si queréis, yo veo por donde travesemos metiose de morros en los zarzales -dijome: Endemoniado Lázaro cuando te de caza de palos te moleré.
Y dejalle ansí sin socorrer, y díjele:

 ¡ Con perdices volando, volando,guijarros, guijarros! Reíme entre mí y salí de un trote de la villa de Doñinos de Ledesma.

Conxi Reyes


LAZARILLO DE TORMES

Dígame señor, ¿por qué me atiza cada vez que a usted le viene en gana?




Le pregunté al gañan de mi amo. Contestóme él:
“Es la única forma de que obedezcas y aprendas, desgraciado.”
Por la noche, cuando me iba a dormir me preguntaba qué pensarías mi madre si supiera el trato que el ciego me daba. Y en ese caso, sí no me haría volver de nuevo a casa, que es lo que a mí me hubiera gustado.

La última paliza que me arreó fue un día que amaneciendo me despertó en un cobertizo en el que habíamos pasado la noche. Mi amo me ordenó que fuese a una casa que había cerca de allí con un establo. Su intención era que yo entrara para robar cualquier animal: una gallina, un conejo, una oveja, lo que más fácilmente se dejara coger. No había abierto el día, había niebla en el horizonte y le hice caso y entré allí. Cual fuera mi sorpresa que el amo delestablo encontrase allí, ordeñando a una cabra. Y me gritó:

“¿Qué haces aquí, ¡malnacido!?” y yo salí apresuradamente de allí.

Al regresar al cobertizo, me estaba esperando el ciego. Y al saber que llegué con las manos vacías, me arreó con una vara curvada de rama de cerezo que acabó partiendo en mi espalda. Cuando estuve recuperando, un día sin pensármelo dos veces, huí de su lado abandonándolo. Lo que no sabía era el futuro que me esperaba, que sería aún peor.

Sonia Pastrana




                                     
                                     
Aquella tarde  estaba con más hambre que nunca,mi tío me tenía castigado y no me daba nada más que las cuatro migajas que se le caían al suelo,además me moría por dar un trago de vino.
¿Como me lo podría agenciar yo para darle un buen trago a ese vino?
Entonces me mandó al mesón a buscar vino.
Por el camino me encontré con unos zagales,más o menos de mi edad,acanteando   todo lo que encontraban a su paso.
Salí del mesón y esos zagales,seguían con sus chiquilladas.Me quedé un rato mirándolos 
y empecé a darles voces e isultarles. Los zagales me gritaban que allá donde me vieran no pararían hasta matarme a pedradas y eso, junto al hambre que tenía me dio una gran idea,
Cuando llegué estaba el ciego hecho unos ciscos,bufaba,cuando notó mi  presencia, empezó a vocearme que era un inútil y que quería su vino.
-Pero so inútil¿se puede saber donde diantre te habías metido?Como te hayas bebido el vino no quedara rincón donde esconderte.
-¿pero como puede tío usted , pensar semejante cosa de mi persona?
Rápidamente tuve que  decirle que sabía de una pobre vieja que necesita de sus rezos con mucha urgencia,pues la pobre señora aqueja un mal muy malo ,que le pagarían bien  pero que era de  máxima urgencia presentarse en su casa. Regañando como solo el sabia y amenazándome de pegarme una gran paliza sino era verdad,decidió seguirme.No cabe decir que lo llevé directo a aquellos zagales que nada más vernos empezaron a tirarnos piedras.El pobre hombre no sabía de donde le caían y mientras me llamaba pidiendo mi ayuda ,yo chillaba haciendo ver que a mi también me estaban apedreando.
Lo dejé en un sitio bien visible mientras yo estaba resguardado detrás de un árbol y aproveché que solo lo veían a el para saborear el vino.
Cuando mi tío abocinó al suelo de una gran pedrada le cogí el fardel mientras yo lloraba y me senté detrás de aquel árbol a comerme lo que fuere que encontrase en el fardel.Cuando hube acabado el vino y comido todo el manjar, puse la tinaja de vino cerca del ciego y recibí una buena pedrada que abriome la cabeza,pero el ciego me pegaba mucho mas fuerte muchas veces y ahora tenia el buche lleno.Rompí la jarra del vino ,ya culparía a aquellos zagales de eso.Cuando se fueron fui a ayudarle,él estaba muy amoscao y me propino un buen cachetón,la jarra la podían romper a pedradas pero la comida del fardel no podía desaparecer por las piedras.Comprendió rápido que no existía  ni viejecita para rezar y que aquellos mozos bien los podria haber provocado yo.
No tuve mas remedio que apencar con las consecuencias pero con la panza llena.

Mari Fernández


 Cuando ya por fin pude abandonar a mi amo, el ciego, que tal mal padecer me hizo ,dirijiome yo a la orilla del río y allí sentado pensando yo en lo mío, decidí dar un baño cuando, cuál fue mi sorpresa que vi a lo lejos un fárdela de lienzo y me dispuse a ir en su busca pensando que algún farinato encontraría y ansí calmar esta gazuza que yo sentía. Cuando me dispuse coger dicho fardel una voz a lo lejos pareciome escuchar y la cual gritaba mi nombre:¡Lázaro! Mochacho ven y ayúdame, de mi caballo caí y ahora levantar no puedo.
Y como yo era hombre de buena fe, dirijiome  hasta allí sin saber quien tanto gritaba mi nombre y sin pensar en el fardel que tiempo antes había visto y que con tantas ganas quería coger.
Cuando me dispuse a ayudar a aquel que gritaba mi nombre, me di cuenta que gato encerrado había, ¿Quién conocía mi nombre en estas tierras tan lejanas a la mía?
Acercóme a aquel lugar y viendo quién era, mis piernas se pusieron a temblar. Resultó ser aquel clérigo al que, estando con mi amo, el ciego, alguna que otra vez longaniza había robado y que aún siendo yo listo, en alguna que otra cosa me había pillado.
Ansí, que sin pensar me endiñó un sopapo que a día de hoy aún recuerdo todavía. Ayudále a levantar y tardé poco en salir corriendo. Fui  a buscar la fárdela imaginando que farinato había y algo de beber también, y que pena la mía al ver que tan solo farallo había.
Continué mi andanza noche tras día y dejando atrás mi mal galardón encontrome en una mansión casi sin darme cuenta. En el camino a Salamanca un noble mal herido, encomendome a su amada para que a dicha mansión llevara y como buen muchacho que soy asín lo hice. Embracilé a la amada y a su destino la llevé.
Como recompensa comida y cama tendría cada día pero poco tardaría en volver a mi pobreza ya que de la mujer me enamoré y aquel noble mal herido, seguro el cuello me cortaría.

LOLI PEINADO








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